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UNA
FLOR PARA ÉL Hoy voy
a regalarle una flor. No hay ningún motivo en especial, ni es ninguna
fecha que esté señalada en nuestro calendario. Simplemente me apetece
regalarle una flor. Él se la merece. Hace ya
algunos años que nos conocemos. Fue aquel caluroso día de verano
en el teatro. Él me cuenta, que entre focos y maquillaje, y
entre la oscuridad de los aplausos, sólo se fijó en mí. Que fue algo
así como amor a primera vista... un amor de los que llegan de repente y
sin aviso. Aunque nosotros siempre nos empeñamos en no creer en esas
cosas; y en ocasiones resulta cómico vernos a los dos tratando de
razonar lo irrazonable. Y desde
ese día caluroso de verano hasta hoy, en algunos momentos he pensado en
regarle una flor, pero siempre me ha dado una terrible vergüenza
hacerlo. A veces, los tópicos son lo suficientemente fuertes como para
no atreverse a romperlos. Pero también es cierto que si las mujeres de
entonces (y algunos hombres), se hubieran quedado de brazos cruzados,
casi seguro que hoy en día, seguiríamos con las costumbres machistas
de antaño... con las invisibles e inmensas cadenas, que arrastraron
durante largo tiempo nuestros antepasados. Me pregunto
si será esta una de aquellas costumbres: ¿Por qué no regalarle una
flor a un hombre? ¿Por qué siento esta timidez estúpida? Igual que él
me ha regalado flores en otras ocasiones, ¿por qué yo a él no? ¿Acaso
no se la merece..? Pero no sólo una flor, sino muchas. Una flor para
cuando me anima, en esas veces que me vengo abajo con los estudios (o
los estudios se me vienen encima), y siento que pueden conmigo y no
tengo fuerzas para seguir. Entonces, él me mira a los ojos y me dice
que luche, para que nunca tenga que depender de nadie... ni de él, ni
de ningún otro hombre. Que el amor que comparta, verdaderamente sea
amor y no dependencia. La segunda
flor por confiar en mí, por creer en mí, y hacerse participe de mi sueño...
mi pasión por los versos. Versos, que nos traen y nos llevan, y nos
unen y nos separan a veces. En este mundo literario, en el que la mujer
ha tenido poco protagonismo hasta hace unas décadas. Aunque entonces,
también las hubo. Algunas si que pudieron cumplir su sueño... eso sí,
con trabajo y esfuerzo. Por eso, cuando me llena el desánimo, él me
ayuda a seguir para no quedarme en el intento, en el intento de aquellas
que quisieron y no pudieron encontrar su lugar en la literatura. Y muchas otras flores por las pequeñas cosas cotidianas de la vida: por su sonrisa, por un beso suyo en una lágrima mía, por su voz en mi tristeza, por sus caricias en mis heridas o por su latido cuando mi corazón está en silencio. Por estas y otras tantas con las que año tras año ha ido ayudando a mi existencia, hoy le regalaré un flor... Y no una, sino muchas. Premiado
en el "Certamen Para las Desigualdades entre Hombres y
Mujeres" celebrado en Miguelturra
(Ciudad Real) |