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Veintisiete, veintiocho años, rara vez veintinueve, jamás treinta. Keith Luger, Silver Kane, Clark Carrados... Los protagonistas de sus aventuras no envejecían. Raro era el que bajaba del metro ochenta de alto y casi otro tanto de ancho; caderas escurridas. Símpaticos unos, adustos otros, con arrojo todos. Valoraban la amistad como los personajes de Howard Hawks y atraían a las mujeres como James Bond: Johnny Klen ("mata con la misma intensidad que ama"), Bel Bassiter ("suave como una caricia, mortífero como un rayo")... Novelas del oeste, de espionaje, de misterio. |
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Algunos que hoy están en la treintena, leyeron cientos de esas
novelas. Sus protagonistas eran un ejemplo a seguir. No, más que un ejemplo: una forma de vivir, la única forma. Los veintinueve años, una
meta: la meta. |
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Le faltan cinco centímetros para el metro ochenta; lo de la espalda no lo arregla ni con hombreras y, las caderas, mas que
escurridas, secas. No ha tenido un tórrido romance con una bella espía soviética, pero sí un escarceo con una cotilla de Cuenca. No ha pacificado
ningún pueblo y, en su lugar, serena los ánimos en las juntas de vecinos. De la rapidez en desenfundar el revolver, queda cierta maña
al sacar el móvil. Y el manejo de aquellos sofisticados aparatos, nada tiene que ver con las broncas que le echa al ratón. Entender la
declaración de la renta no es, exactamente, descifrar claves secretas. Y de aquel frío desdén al fumar, queda esta bronquitis crónica. El chico se quedaba con la chica y se "fundían en un apasionado beso". Tras ellos sólo quedaba la contraportada. También él se quedó con la chica pero, falto de referencias, hubo de improvisar día a día. Así, vio como ella prefería su eficacia quitando el polvo, antes que su maestría en artes marciales (séptimo Dan); que manejase bien el carrito en el hipermercado, antes que su pericia en una persecución de autos; que converse "después de", en lugar de encender un cigarrillo y salir pitando hacia otra misión. |
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Si. Todo es bastante distinto de como creía. Pero, ¿que son treinta años? Aún está a tiempo; aún puede protagonizar su novela de
aventuras. A partir de mañana vivirá al límite: conducirá sin el cinturón de seguridad puesto. Y sólo es el comienzo. |