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El Inventor de Inventores

Por Ros

Dibujado por Ros

Dios, que es así como le llamaremos a nuestro divino inventor, ya que no se le conocen apellidos, fecha de nacimiento (si es que hubo alguna), lugar de origen, familia, estatus social... etc, se encontraba pensativo y aburrido en "Dios sabe donde".

4.600 millones de años antes del desenlace.

- Qué aburrido estoy, no sé qué puedo hacer para no estar aquí tan solo - se decía Dios, mientras lanzaba pequeñas rocas al espacio, como quien lanza piedras a un estanque.
- ¿Qué podía hacer para pasar el tiempo? Porque la verdad, esto de tirar piedrecillas empieza a hacerse monótono.
De repente se percató de que las piedrecillas que él había estado lanzando, se habían agrupado formando una esfera rocosa. ¡Y zas, surgió la inspiración!
- ¡Podría crear seres que vivieran en esa esfera y me distrajesen! ¡Lo haré! - dijo súper decidido.
- ¿Pero cómo? - se pregunto intrigado.
Dicha esfera a la que Dios bautizó con el nombre de Tierra, era solo una roca redonda incandescente que despedía gases. A primera vista la cosa no parecía muy divertida.
- Aquí no querría vivir ni yo, creo que buscaré otro sitio para mi creación, y con esto ya haré otra cosa.
Y sin más, Dios se puso a soplar como si de la casa de los tres cerditos se tratase, y cuál fue su sorpresa cuando vio que la Tierra al enfriarse se volvía de color azul y aparecía algo raro sobre ella.
- ¡No tengo ni idea de qué es eso! Pero me gusta -. Y a la cosa rara la llamo agua.
Orgulloso de sus avances y viendo que la Tierra había adquirido un aspecto mucho más agradable, volvió a la idea original de elaborar su proyecto allí.

3.500 millones de años antes del desenlace.

Después de mucho darle al coco, ¡pero que mucho! decidió que el agua era un buen sitio para comenzar, puesto que todo estaba cubierto de ella.
En un principio el fruto de su creación fueron unos seres pequeños y blandos a los que llamo células y dirigiéndose a ellas, les dijo:
- ¡Vosotras, células, creced y multiplicaros! - dijo ya cansado de la espera ( ya que aquí el amigo se toma las cosas con calma).

2.800 millones de años antes del desenlace.

Se tardó un poco en rellenar el acuario, pero al fin se consiguió, y Dios estaba que no cabía dentro sí (digo yo, vaya).
- ¡Qué bonito me ha quedado! Ha merecido el esfuerzo, presiento que estoy en el buen camino.
He creado... he creado... ¿Qué he creado? Les habré de llamar de alguna forma - se dijo preocupado.
- Ya lo sé. ¡Tú te llamaras Medusa y tú Gusano! -

570 millones de años antes del desenlace.

Durante 2.230 millones de años, Dios estuvo muy entretenido con su acuario, que fue rellenando con nuevas creaciones de colores.

410 millones de años a.d

Nuestro inquieto inventor, parece como que ya se agobia un poco con el acuario.
- ¡Puf! Qué agobio -. Y como quien no quiere la cosa, se percata de una especie de enormes rocas que sobresalen del agua.
- ¡Ostras! ¿Y de dónde ha salido eso? Es igual, la cuestión es que podría crear alguna cosilla por aquí y por allí -.
Y ya cansado de tantos peces, que aunque enormes, no dejan de ser peces, decide hacer algo diferente. Además, esto de experimentar en un ámbito seco es todo un reto para él.
- Crearé algo diferente, esta vez será algo que aun siendo un ser vivo, permanecerá en el mismo sitio siempre, así de esta manera podré observarlo detenidamente, ya que después de dedicarme por un breve espacio de tiempo a mis seres marinos, creo que padezco un acusado estrabismo -.
Así fue como Dios creó a las plantas, que ese es el nombre que les dio.

285 millones de años a.d

- Las plantas son hermosas y de gran colorido, pero... no sé..., aun no es exactamente lo que yo quiero -.
Aquí el colega no tiene claro aún lo que quiere, pero es comprensible, con tan poco tiempo y tanto por hacer, no se le puede pedir más.
En unos enormes charcos a los que él ha dado en llamar pantanos, crea a unos seres de piel dura y rugosa, que él cariñosamente llama reptiles. Estos seres se extienden con rapidez y audacia.

210 millones de años a.d

Entusiasmado por el tamaño que han alcanzado los reptiles dentro y fuera del agua, se lía la manta a la cabeza y decide crear a unos seres de dimensiones descomunales. Dinosaurios se llamarán.
A todo esto, las plantas, celosas de los reptiles, adoptan la misma postura que ellos, crecen y se extienden con más rapidez y audacia si cabe que ellos y forman hermosos bosques.

145 millones de años a.d

Los años van pasando y Dios sigue absorto en sus avances.
Los dinosaurios se han hecho los reyes del mambo y esto divierte a Dios. Pero el inventor por excelencia de la historia decide que, a pesar de lo bien que se lo pasa en compañía de sus pequeños amigos, estos le están chafando los rosales y decide eliminarlos. Además, cuando no estaba contemplándolos, aprovechó el tiempo para crear unos seres que a diferencia de los demás podían flotar en el aire, y los llamo aves.

60 millones de años a.d

- Creo que he hecho bien en dar puerta a los dinosaurios: desde que ellos no están los demás seres más pequeños van evolucionando, cosa que antes era imposible. Es más, creo que si elimino algún que otro reptil, será beneficioso para mis investigaciones. Siento que esto va tomando forma, me acerco cada vez más a mí objetivo, aunque aún no sepa exactamente cuál es.

35 millones de años a.d

- Estoy cansado, pero he de seguir, sé que al final vislumbraré mi creación.
Exhausto pero enérgico en el cumplimiento del deber, crea diferentes seres: Caballos, elefantes, etc.
Siempre en busca de su creación final, aquella que le satisfaga por completo.

25 millones de años a.d

- Esto del acuario, los bosques, las aves, los mamíferos (que es así como llama a los caballos, elefantes, etc.), no sé... todo esto está muy bien, pero no acabo de dar con el ser que culminará mi obra, tengo que crear algo sublime, algo magnífico con lo que poder entretenerme y que a su vez este disfrute de lo que he creado para él, la Tierra.
Y después de mucho pensar, se le ocurrió que podría crear un ser que no fuese: Ni muy grande ni muy pequeño, ni de aire ni de agua, ni verde ni azul, pero que pudiese desplazarse por el aire, por el agua y por la tierra. De esta manera dicho ser podría disfrutar de los tres elementos.
- ¡Ya lo tengo! - Pif paf, y creó al simio, que aunque no era de lo más hermoso que él había creado, no tenía nada que envidiarle a los reptiles.
- Esto ya es otra cosa, con tanto salto me lo paso pipa, estoy convencido de que estoy a las puertas de la culminación de lo que empecé hace unos años.

2 millones de años a.d

Está claro que nuestro divino inventor se impacienta, ya que los años entre creación y creación van disminuyendo.
- Hace unos siglos que me ronda una idea por la cabeza: He de crear a un ser que a la vez que me divierta me plantee nuevos retos. Hasta ahora todo ha sido fácil, quizás ahí radique el problema.
Hasta la fecha he creado seres que no me plantean ninguna inquietud, viven y ya está. Debo crear un ser que me toque un poco las narices, por decirlo de alguna manera, así estaré siempre en activo y participaré más si cabe del juego. Tiene que ser un ser como los otros, capaz de sobrevivir en su entorno, pero que se diferencie de todos ellos en algo ¿Pero en qué? - se preguntaba Dios ansioso por alcanzar la cima de su creación.
- Es evidente, ¡cómo no me he dado cuenta antes!, la solución ha estado siempre delante de mis narices y no la veía. Crearé un ser que piense, que tenga conciencia de sí mismo, que razone, que tenga inquietudes, que posea imaginación para poder crear y le dotaré de un alma para que tenga una vía de comunicación conmigo. Crearé un ser que si bien no poseerá todos mis conocimientos, sí poseerá una parte de ellos, de esta manera siempre habrá un vínculo entre esos seres y yo, y ya no estaré solo.
¡Si pudiera me daría un beso!

Y así fue como Dios inventó o creó, como mejor os suene, al ser humano. Eso sí, tardó unos dos millones de años en perfeccionarlo, pero a estas alturas ¿Qué son 2 millones de años? Nada.
Y desde entonces hasta ahora Dios debe de estar muy contento con nosotros, puesto que en todo este tiempo no hemos dejado de tocarle las narices ni un solo momento.

Dios ha sido el inventor más importante de la historia del mundo y también el más masacrado.
El ser humano ha sido el invento más perfecto de la historia del mundo y también el más desaprovechado, pero bueno, la partida no acaba aquí.