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EL SUEÑO DE IGOR

Por Ros

Mí historia os va a hablar de un pequeño pajarito. Nuestro pequeño amiguito vivía en un hermoso sauce, de fuertes ramas y verdes hojas. Él había crecido en este árbol y era su hogar. Allí había vivido con sus padres y guardaba bellos recuerdos: El colegio, los amigos, sus sueños; que, aunque había pasado el tiempo, el no había olvidado.

Igor, que era así como se llamaba, siempre había sido algo atolondrado y soñador. Él creía que cuando se deseaba algo con mucha fuerza se cumplía; creía que todo era hermoso y bueno. Le encantaba hacer amigos; y era feliz, revoloteando despreocupado, en su hermoso bosque de color de rosa.

Para Igor el tiempo iba pasando; pero él estaba absorto en su mundo, en el que bastaba con ser tú y tener buenos sentimientos hacía los demás; y esto le proporcionaría la felicidad, pero se olvidó, mientras soñaba, que había otras cosas en el mundo, como el cole, los deberes, etc. Y sí, era hermoso soñar; pero los sueños, sueños son y no te hacen los deberes.

Igor, mientras la profesora Teresa daba la clase de mates, estaba en un enorme castillo; luchando contra un horrible dragón, para rescatar a su amada, a la que el malvado dragón tenía secuestrada; y claro, así no se puede aprender ni a sumar ni a restar.

Poco a poco, nuestro amigo Igor subía más y más en su hermoso mundo imaginario; y bajaba más y más en el mundo real. Sus notas bajaban al mismo ritmo que las hojas de los árboles en otoño. Sus padres estaban muy enfadados con él, ya que no comprendían lo que estaba sucediendo.

El tiempo iba pasando y Igor, inevitablemente, suspendió el colegio; aunque él a aquel hecho no le daba importancia, ya que en su mundo fantástico todos le querían y le admiraban. Él era valiente, inteligente y hasta guapo. Igor miraba sus dos posibilidades: Ser Igor el magnífico o ser Igor el torpe; pero él no se daba cuenta, que si era torpe, era porque tampoco hacía nada por dejar de serlo. Él solo quería soñar y soñar; sin darse cuenta que más tarde o más temprano, debería despertar.

Uno tras otros fue abandonando sus trabajos. Él no sabía desenvolverse en aquel mundo en el que tenía que esforzarse para conseguir algo; y esto a él le costaba mucho, -¡Esto no es lo mío!-, se decía así mismo, - ya encontraré otra cosa que se acerque más a lo que yo quiero -. Y así, pasaba horas, días, años; en su mundo de caballeros, princesas y castillos; soñando con que algún día llegaría una hermosa princesa y con solo mirarla, sabría que era su compañera; y llegaría esa felicidad con la que siempre había soñado.

Nuestro pequeño soñador se había transformado en pájaro adulto. No tenia muchos amigos, ya que sus sueños le ocupaban casi todo su tiempo; y no se relacionaba mucho con sus padres.

Un buen día, sus padres se fueron y él se quedo solo. Poco a poco fue mirando a su alrededor; y se dio cuenta de que el sol ya no era tan hermoso como años atrás lo veía él; ni el agua tan brillante como él la veía antes. Igor se percató de sus errores y se lamentó.

Recordó a sus amigos y sus ilusiones, que poco a poco, fue perdiendo a lo largo del camino. – Que estúpido he sido, merezco mí soledad. ¿Por qué en vez de soñar lo estupendo que me gustaría ser, no me he esforzado para serlo? -.

Sus castillos en el aire se fueron disipando; y empezó a creer que el amor tal como él lo concebía no existía. Solo era imaginación suya; solo era un hermoso sueño que jamás habría de alcanzar; y el mundo rosa de Igor se vistió con tristes túnicas grises. Nuestro amigo pasaba los días como sin vida, pensando en lo triste que era su vida. Ahora, al despertar de su hermoso sueño, la vida para él ya no tenía sentido y todo lo que antes era bello y alegre, ahora era triste y oscuro.

- ¿Por qué Dios me ha dado la capacidad para soñar y de sentir lo que siento, si nunca lo alcanzaré y que todo esta solo dentro de mí? Estoy solo -.

Igor vagaba por el bosque, absorto en su enorme tristeza. Nada podía llenar aquel vacío que sentía en su interior.

Igor había perdido el tiempo soñando y ahora ni siquiera le quedaban sus sueños; y así pasaba día tras día, año tras año.

Un día caminando por el bosque, cayó sin darse cuenta en un agujero del suelo que era muy profundo. Igor intentó volar para salir; pero debido a su estado de animo, las fuerzas le fallaban y no podía volar. Allí, a oscuras y mirando hacía arriba, veía la luz del sol que entraba por el agujero y pensó que había llegado el final. Esta idea tampoco es que le entristeciera mucho, por fin tocaría las estrellas con las que él tantas veces había soñado; y sería realmente él, sin miedo al reproche; ya que Igor pensaba que si Dios le había hecho nacer era porque le quería, de otra manera no le hubiera dado la vida.

Pasaron varios días y Igor seguía en su agujero, no podía ni tenía ganas de salir. De repente la luz que entraba de afuera se fue tapando y Igor miró hacía arriba; pero estaba tan hondo que tampoco se distinguía mucho, pero se oyó una voz:

-¡Hey! ¿Qué haces ahí? ¿No puedes salir? Me llamo Dana y no te asustes, no quiero hacerte ningún daño, ¿Quieres que te ayude a salir?- Preguntó Dana.

-¿Para qué?- Contestó Igor, - déjame aquí, no vale la pena que te molestes por mí, soy un caso perdido.

- Déjame que te ayude por favor -. Y Dana, que era una fuerte leona, miró a su alrededor y vio el tronco de un árbol caído, que algún rayo habría derribado.

Diciéndole a Igor que se apartara tiró el tronco por el agujero para que Igor trepase por él, hasta la superficie.

- Sube -, dijo Dana, - el día es demasiado hermoso como para no salir a pasear -.

Igor se sintió intrigado, ¿Quién sería aquella tal Dana, que sin conocerlo de nada le tendía su mano?

- Ya subo -, contestó Igor; y con bastante esfuerzo trepó por el tronco hasta arriba, ya que sus alas estaban muy débiles para volar.

Al llegar a la superficie, Igor vio a Dana y se asustó un poco al ver que era una leona, pero su voz y la dulce mirada de sus ojos le tranquilizaron.

- ¡Hola! ¿Cómo estás? – Le preguntó Dana.

- Bien – dijo Igor. ¿Por qué me has ayudado? No tengo nada para darte y no creo que haya sido para comerme, soy muy pequeño para saciar tu apetito. ¿Qué quieres de mí? –

- Nada – dijo Dana. – Simplemente me asomé y vi a alguien en apuros; y pensé que necesitaba ayuda, ¿Cómo te llamas?

- Igor -.

- Yo Dana, ¿Cómo te has caído ahí?

- No me di cuenta, iba pensando -.

Y comenzaron a charlar. Igor le contó su historia y Dana escuchaba interesada. Igor mientras hablaba, pensaba que esta desconocida era especial. Sin conocerlo ni esperar nada a cambio, le escuchaba y parecía comprender todo lo que él le iba diciendo. A medida que Igor hablaba con Dana se sentía mejor; se sentía especial. La atención y compresión que Dana le demostraba él jamás la había tenido y pensó que sería maravilloso que pudieran ser amigos. Dana le escuchaba y le animaba para que no estuviera tan triste; y lo conseguía.

A Igor le parecía que estaban hechos el uno para el otro. Se sentía tan bien; como nunca se había sentido. Alguien como Dana era lo que él había soñado siempre; y a Dana parecía caerle bien.

Charlaron hasta el amanecer y Igor no había sido en su vida tan feliz.

- Hasta otro día – dijo Dana.

- Seguro – se dijo Igor.

Igor iba hacía su casa, revoloteando; ya no se sentía mal ni triste, ni solo. Todo había cambiado. Ahora había alguien a quien le importaba, alguien que le comprendía. Había conocido a alguien que por fin llenaba su vacío; pero de repente, el miedo invadió todo su ser.

- ¿Por qué un ser tan maravilloso como Dana, iba a querer ser amiga de un ser tan torpe como yo?- Toda su confianza se transformó en inseguridad. –Yo soy muy poca cosa para alguien como Dana. No soy ni listo ni guapo; a lo mejor toda su dulzura y comprensión son solo pena y lástima de mí -.

Igor había salido de un enorme agujero con ayuda de Dana; pero ahora había caído en uno mayor y del que nadie podría ayudarle a salir.

- Esto es un castigo – pensó Igor, - no he sido bueno; no he aprovechado las oportunidades que la vida me ha ofrecido y por eso Dios me castiga. Primero sueño con mí princesa y no la puedo alcanzar; y ahora que mí sueño se hace realidad, la realidad es tan inalcanzable como el sueño -.

Dana esperó durante un tiempo la charla de Igor; pero Igor no apareció.

A medida que los días y meses pasaban, Igor vio llegar el invierno y marchar para dar paso a la primavera; y su pequeño corazón, como si de una flor más se tratase, se abrió para dar paso a la vida. En su interior día a día algo había cambiado. El amor que le había abierto las puertas de su jaula, para luego cerrarlas, no había sido un castigo. Había sido una bendición de Dios, que le había ayudado a transformar su corazón de pequeño gorrión, en el corazón de un hermoso halcón. La vida ya no era igual a los ojos de Igor. Todo volvía a ser hermoso. Comprendió que Dana le había enseñado que no estaba solo en el mundo; que había alguien que si no pensaba como él, al menos le comprendía.

Los sueños ya no eran sustitutos de la realidad, la realidad era un sueño. Pero también sabía que Dana estaba a años luz de él; y no porque él fuese menos que ella, sino porque la vida es así; y la forma de alcanzar la felicidad, es aceptarla tal como es.

Igor se zambulló de lleno en el mar de la vida y se relacionó con otros seres diferentes a él, ni mejores ni peores, diferentes simplemente. Consiguió trabajo y por fin asumió la responsabilidad de su ser.

Decidió intentar ser feliz y hacer felices a los seres que le rodeaban, en la medida en que él pudiera; y aunque Igor no volvió a ver a Dana, no hubo un solo día en que él no pensara en su compañera del alma.

Su sueño fue encontrar a su princesa. Y no olvides nunca, que cuando se desea algo con todo el corazón, todo el Universo conspira para que lo consigas.