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ESPERO QUE TENGAS EL DETALLE DE NO INVITARME
Esta
es otra... |
¿Cómo lo consiguen? Los otros padres, quiero decir. ¿Cómo se libran de llevar a sus hijos a fiestas de cumpleaños? Porque cada año tengo seis, siete de estas juergas, y casi siempre soy el único hombre entre tanta madre.
Llega la invitación; juro y perjuro que esta vez no, oye, que siempre le toca pringar al mismo. Que te lleve la mamá, hijo. Y
días después me veo en la calle, arrastrado por el enano camino de uno de estos horrores. Una confabulación materno-filial, eso es lo que es.
Total, llego a la fiestecita, saludo, me siento, pongo cara de lobotomizado y me dispongo a escuchar durante hora y media. Fuera de allí son mujeres inteligentes, cultas, y de conversación agradable. Pero cuando se juntan rodeadas de sus camadas... solo son ¡MADRES! Ha de ser una hormona,
seguro
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Sé que el tema de conversación va a ser monográfico: niños. Y quiera el cielo que así sea. Porque el otro tema habitual son los partos. Y si fulanita cuenta el suyo, menganita no va a ser menos. Y la otra, y la otra... Si hubiese tomado apuntes desde el
primer cumpleaños ahora sería ginecólogo. Y no es que te lo cuenten, no, es que ¡lo reviven!
Sugestionable como soy, cuando me quiero dar cuenta me veo respirando como un perro y, ¡joder!, hasta las contracciones noto. Hora y media aguanto, ya te digo. El
día que sobrepase ese límite, ovularé.
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Yo |
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Las
mamás |
El tema de ayer fue la comida. Los niños ya no comen como antes,
según las expertas opiniones. Ahora no se sabe comer;
antes, antes si que se comía bien. Tienen todas ellas treinta y tantos años y, si cierro los ojos, me parece estar oyendo a mi abuela, mi madre, y mis tías juntas. Sólo falta que alguna me diga "¡Javi, siéntate derecho!"
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Y así, me entero de que a Iván, el hijo de la rubia teñida, no hay forma de hacerle comer espinacas. Se cruzan varias
opiniones sobre las virtudes de las verduras en general, y se pasan dos recetas "bue-nííí-si-mas"; ya veras cómo se las come. Y las pobres criaturas allí, jugando sin sospechar lo que se les viene encima.
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¡Angelitos! |
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El
chef |
Interrumpe la morena con reflejos caoba. Se la ve ansiosa por
comunicar algo de vital importancia: su Ainara detesta el hígado.
Mentalmente agradezco esta información privilegiada y tomo nota
de que he de limpiar de imbéciles mi agenda. Siete opiniones a
voz en grito sobre los hígados de diferentes bichos, y una receta
para que Ainara trague vísceras sin tener muchas
arcadas.
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Dejan la fruta para el final, claro. Con lo buena que es, oye, y que no hay forma de que la prueben. Aunque hay una madre (¿la de Borja?), que dice que su pediatra opina... ¡Qué sabrá de niños un pediatra!, exclaman todas! Y mucho menos Don R. Varias sentencias inapelables sobre Don R., y la receta, que me la imagino: pediatra despellejado.
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¡Bue-nííí-si-mas! |
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Yo,
claro |
Se acerca mi hora. Busco cruzar mi mirada con la de mi hijo para hacerle "la seña". Le tengo bien aleccionado y sabe que es el momento de dar las gracias y despedirse.
-¡Cómo!, ¿ya te vas, Miguel? -dice la anfitriona.
-Es que mi papá me ha hecho la seña -contesta el angelito.
Vale, quizá la culpa sea mía por no haberlo entrenado mejor. Pero el jodío enano esta noche cena espinacas, que tengo yo un par de recetas bue-nííí-si-mas.
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