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  Historia del Soneto 


              Hace unos años cuando empecé a vender mi poesía, me sentí viviendo algo maravilloso, me sentí poeta, que me perdone Darío, pero me sentí poeta, miren el razonamiento que hice: si una persona corta el pelo y vive de eso es un peluquero, que sea un peluquero bueno o malo es otra cosa, y yo me sentía poeta, bueno o malo pero poeta al fin, era tanta mi alegría que me despertaba a la mañana y le decía a mi mujer, vieja soy poeta, soy poeta y era el tipo más feliz del mundo, pero de repente empecé a escuchar una vocecita que me decía: ¿Y el soneto, Ramón? ¿Y el soneto? Y yo me pregunté ¿qué soneto? El tuyo, me dijo la voz. ¿El mío?, si yo no tengo ningún soneto. Por eso te digo, siguió la vocecita, vos no hiciste ningún soneto, Ramón y todos los verdaderos poetas, alguna vez, han hecho un soneto. Un soneto, me quede pensando, así que tengo que hacer un soneto. Decidido a meter mano a la obra lo primero que hice fue averiguar la historia del soneto, por lo que pude averiguar, las cosas fueron más o menos así:

              Hace muchísimos años, la única forma de comer para los enano, los payasos, los músicos y los poetas, era conseguir entrar en algún palacio y durante los banquetes mostrar sus cualidades, luego de lo cual y cuando los señores se retiraban, podían disfrutar las sobras de los festines, luego de tales artistas si quedaba algo de comer les tocaba el turno a los sirvientes que lógicamente, eran cada vez más flacos.

              Ahora ¿Qué pasó? los músicos, los payasos y los enanos hacían sus actos en una forma más o menos breve y a veces en conjunto, es decir que los músicos tocaban y los enanos y los payasos se hacían los estúpidos, cosa que no les costaba mucho y al rato ya se iban saludando y recibiendo los aplausos y los victorees de los señores, pero cuando llegaba el turno a los poetas, estos se aparecían con unos rollos que eran más largos que rollo de papel higiénico, estos larguísimos poemas, quizá ustedes no lo crean pero han llegado hasta nuestros días y las podemos ver en las bibliotecas y en los museos donde se los considera verdaderas obras de arte, ahora piensen Uds. los señores con las panzas llenas, con unas copas de más y escuchando un rollo interminable, al rato los ronquidos de los caballeros mezclados con los eructos, hacían imposible escuchar a los poetas, que por lo general con el hambre que pasaban tenían una voz débil y aflautada, la cuestión es que los finales de las fiestas eran siempre pesadísimos y llenos de ronquidos.

 



              Un día una de las amantes del Rey le dijo a su señor rascándole el ombligo: Felipe ¿no te parece que los poemas están de más?, haced callar a los poetas que nos hacen dormir, no digas eso, dijo el rey, si no tenemos poetas dirán que mi reino no tiene cultura, en todas las cortes se quedan dormidos escuchando a los poetas y hasta dicen que es bueno para hacer la digestión, como se te ocurre hacer callar a los poetas ¡por favor!. La mina, que era la preferida del rey y que sabia rascarlo donde más le gustaba, replicó: bueno no los hagas callar, pero tratá de que los poemas al menos sean más cortos.

 



              El re, y queriendo quedar bien con la que te jedi, pensó, tiene razón esta mina, pero como hago para marcarles un tiempo a los poetas. No olviden que el no podía decirles, tienen 8 minutos para decir sus versos, simplemente porque en aquellos tiempos no había reloj, por lo menos en ese reinado, entonces consultó al matemático de la corte y este dijo -Es muy simple, que los poemas no tengan más de catorce renglones, bárbaro dijo el rey, sorprendido por la rapidez y sencillez de la respuesta, y dio las ordenes pertinentes.



              Imagínense la bronca con que esto fue recibido por los poetas, justo los poetas que nunca habían aceptado que alguien les dijera como tenían que hacer sus versos y en la primera festichola cada poeta apareció con un poema que tenia catorce líneas de alto pero una anchura que alcanzaba varios rollos, por supuesto al monarca le agarró una bronca bárbara, volvió a llamar al sabio y le contó lo que había pasado, éste le dijo bueno ahora se van a dejar de joder porque les vamos a marcar el ancho, ¿como se lo vamos a marcar?, muy simple, contaremos las veces que abren y cierran la boca, cada vez que abran y cierren la boca será una sílaba y no permitiremos que lo hagan más de once veces por línea.

              Bárbaro dijo otra vez el gordo, que no era ningún gil y por algo estaba donde estaba, dio las nuevas ordenes y lógicamente los poetas se enojaron, se quejaron que era muy poco espacio, que en un cuadradito de 14 por 11 no podían meter nunca un poema completo, con su principio, con su entripado del medio y con su final, además, dijeron, si lo logramos no podremos lucirnos con algo tan corto, el Rey que como les conté la sabia lunga, les aconsejo comprimir todo, ustedes dijo, deben poner lo principal, lo neto del mensaje, sólo lo neto, eso de sólo lo neto dio origen a la palabra soneto.

              Bueno desde ese día los poetas dijeron sus sonetos, al final algunos se acostumbraron a los endecasílabos y los hacían fácilmente y hasta se dieron cuenta con cierta alegría que podían comer más temprano.

              Pero todo pasa y un día la servidumbre, que de hambre ya estaba transparente, hizo una revolución y al diablo con el rey.



              Los poetas que en esto de revoluciones siempre hicieron punta, apenas supieron esto, se olvidaron del soneto y volvieron a sus rollos interminables.

              Por supuesto que al poco tiempo enanos, payasos y poetas, que al principio aplaudían la revolución, se dieron cuenta de que ya no tenían quien les diera de comer y tuvieron que ir de plaza en plaza, hacer piruetas, payasadas, recitar y pasar la gorra y esto es lo que hacemos desde entonces, los músicos no tuvieron problemas, porque como había muchas batallas dirigían las bandas de los ejércitos y escribían marchas para las bandas y además como iban detrás de los ejércitos, en cada país que ocupaban robaban y comían todo lo que podían, como hacen en las guerras todos los que visten uniforme.

              El soneto, a pesar de todo siguió dando vueltas como si fuera un virus y siempre se les acerca a los poetas o a la computadora de los poetas y con una vocesita baja dice desafiante, dale, a que no te animas, que clase de poeta sos, dale maricón mandate un soneto.

              Bueno ahora que ya les conté la historia volvamos a lo mío, en esos días cuando empecé con el asunto del soneto, me di cuenta que también me faltaba hacer otra cosa, escribirle algo para Doña Elsa porque la gente, cada vez que le leía mis versos invariablemente me preguntaban si había escrito algo para mi señora y yo les decía que a mi señora le había hecho muchos versos pero ninguna poesía, esto causaba gracia a más de uno, pero al fin me quede pensando que doña Elsa no se merecía esto, sobre todo si estaba presente y entonces decidí matar dos pájaros de un tiro, escribir un soneto y para mi señora y salió esto: 

Tu Espalda (Soneto imperfecto)

Tu espalda es mi descanso, mi sosiego
es la calma después de haber amado.
Tu espalda es un refugio donde llego
a lamer mis heridas, angustiado.

Tu espalda es taller de mi poesía 
por las noches que paso desvelado,
tu espalda tiene el fin de cada día,
con el sueño y un beso ya cansado.

Y si todo se me hace cuesta arriba,
si mi vida parece a la deriva,
más que nunca tu espalda es necesaria.

Pues si es dura la mano del destino,
tu espalda es el altar donde me inclino
para llegar a Dios... con mi plegaría.

Ramón de Almagro

 

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             Tropezarse de pronto con un poeta que nos alcanza directamente, como una ballesta, es algo apasionante y todos lo hemos sentido alguna vez al descubrir esos veros  que nos conmueven especialmente, pero encontrarse de pronto con una carta suya en el buzón, no tiene palabras con qué expresarse, y esto es exactamente lo que me ocurrió a mi con Ramón de Almagro.

             Y es precisamente a este soneto suyo, al que le debo dar las gracias por esto, ya que, al encontrarlo ante mis ojos, un buen día, en una de tantas páginas de la red, hizo que me sintiera impulsada a dejarle mi admiración en aquel remoto libro de visitas de hace ya dos años.

             Y quiero seguir dejándole aquí mi admiración y respeto a este caballero de las letras y hacerle saber el cariño que siento por él, por su poesía  y por este "imperfecto" soneto en particular.

María Peiró
9 de septiembre de 2003

Para contactar con Ramón de Almagro

 

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