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Nympheas Effet du Soirby Claude Monet http://www.art.com/asp/sp-asp/_/NV--235_F22_S7/PD--10018547/SZ--3/posters.htm?XRFID=604416&TKID=2946613

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Indice

    Poeta Diana Rodrigo "Diablo"

 

  Mairena, la niña de la loca

  Desde la distancia

  La pluma aún te espera

  De noche me acuerdo

  Esta noches es más noche que nunca

  Tiempo de rosas tristes 

  Una noche de estrellas fugaces 

  Todo calla  

   Ultimo encuentro      

   El olvido se acordó de nosotros     

   Cinco de mayo 

   Elegía a tu recuerdo (A mi abuela)   

  Te hiciste de silencio   

   Brindar - A nuestros amigos-   

   Última elegía 

   De tierra,  de mar y  de aire   

 

 

 

 

 

 

 

MAIRENA LA NIÑA DE LA LOCA 

Mairena se engancha a mi pelo,
se sumerge en mi sueño de azucenas y elfos. 

Mairena se pierde en la noche del recuerdo
y me pide que le cuente un cuento. 

Mairena es mi niña...
la diminuta compañera invisible
que me coge de la mano. 

Mairena es linda...
tiene unos dedos pequeñísimos,
transparentes como el cristal... traviesos. 

Mairena... al sonreír
se ilumina su carita soñadora,
despierta el brillo de sus ojos inocentes.
Se sorprende con cualquier cosa. 

Mairena me manda un beso en el aire
y la risa de mi boca
enciende una luz cegadora de ternura. 

Mairena canta, ríe, llora,
Mairena es niña,
Mairena es sombra,
Mairena no existe,
Mairena es luna llena. 

La niña Mairena, de noche,
se acerca a mi cama,
y con su blanca vocecita me pide
que le cante una nana.

Me dice que no calle
hasta que sus largas pestañas
no dejen pasar la luz de mi voz,
hasta que esté dormidita
y su sueño de amapolas 
me cante la nana. 

Mairena, al dormir, respira tranquilidad,
se encoge, se hace diminuta. 

“¡Mairena, Mairena!” Canto en mi mente. 

Mairena mi niña...
Mairena mariposa...
Mairena sin voz. 

Mairena, al llorar,
hace temblar las sombras,
las estrellas se apenan, la luna solloza,
y yo la abrazo y le digo:

“No llores mi niña,
que si lloras yo te abrazaré en el aire...
te acunaré en el vacío.” 

Mairena niña...
tan real para mí,
y me toman por loca. 

La gente, cuando me ve
con mi niña de la mano,
grita:

“La loca de la niña Mairena,
Mairena, la niña de la loca, 
la niña fantasma, que corretea por su alcoba,
con su muñeca de porcelana,
con su vestidito de tul,
con sus trenzas rubias... espigadas,
con su risa etérea 
que se clava en su alma.” 

Mairena la niña...
yo la loca,
pero que dulce mi vida
la locura de la sonrisa de tu boca.



 


DESDE LA DISTANCIA

Desde la distancia 
que me separa de tu alma,
te escribo hermano: 

Hermano de ojos negros
y piel canela.
Hermano con silueta de barro,
que en mi corazón
te escondes llorando. 

Hermano de sangre y de raza,
hermano moreno y callado,
hermano de niño,
hermano cansado. 

Hermano de distancias
en las que se pierden
tus abrazos,
los que yo añoro,
los que yo te regalo
sin ser aceptados...

Hermano sin besos
en los labios. 

Hermano eres en la noche 
una sombra,
que parpadea 
en el interior de mi alma,
en mis sueños fraternos.

Hermano que ya no eres hermano
sin ser de noche,
sin sueños en mis ojos
de hermana sin hermano. 

Hermano callado,
¿por que es tan distinto
ahora que no somos niños?
¿por que ya no somos hermanos? 

Hermanos de amor y ternura,
confidencias y abrazos,
hermanos de noches en vela,
de añoranzas y pasados.

Dime hermano:
¿Por que eres tan distinto 
al niño opaco,
que guardo en el recuerdo
de hace ya tantos años?





LA PLUMA AÚN TE ESPERA


Nevó de nuevo... y una fina capa
de nieve triste todo lo ha cubierto.
Todo quedó vacío... todo pálido,
todo en silencio negro... sosegado.
Quedó el papel tan blanco... tan vacío,
sin letras, cartas, cuentos, rimas, versos.

Y te los has dejado con tu pluma
que aún te aguarda muda en el tintero 
para escribir contigo nuevos versos.

Pero no llegan versos a la pluma
para poder plasmar los sentimientos
que cabalgaban libres en tus dedos
y que en tu vena, ahora muda... secos,
como la tinta muerta, se han quedado 
en tu tintero aún lleno de ideas. 

Las dos quedaron mudas... silenciosas,
porque murió el poeta del soneto,
el que escribía cuentos de otros tiempos,
el que mezclando letras conseguía
sueños... sonrisas llenas de deseos.

Pero, esta noche gris, la poesía
de luto está cubierta... se han callado 
todas las rimas... todos las estrofas. 

Llora la luna, estrellas en el cielo
quieren llevar tus pasos hasta ellas 
para que al menos puedas escribirnos,
desde tu nuevo lecho, los poemas
que te llevaste dentro de tu pecho.

 


DE NOCHE ME ACUERDO

Con la pluma que te escribo
lleno de estrellas la carta,
para alumbrar el camino
que separa nuestras almas.

Te escribo versos de noche,
versos de amor... desde mi alma,
te escribo largos poemas,
cuando añoro tu mirada, 

Y es que de noche me acuerdo
más de ti, y esa añoranza
me va inundando despacio
y hace naufragar mi barca. 

Navío lleno de sueños,
el que hacia ti me llevaba,
por el mar del firmamento
lleno de barcos sin ancla.

Y cuando cae la noche,
o al despertar con el alba
busco tus labios y besos,
para deshacer la escarcha
que cubre mi helado cuerpo
y la soledad de mi alma.

A David

 

ESTA NOCHE ES MÁS NOCHE QUE NINGUNA 

Esta noche es más noche que ninguna.
La casa de silencios está llena
y de espacios sin nombre y sin sentido.

La distancia ha borrado tu presencia
y busco en cada paso de tus horas
sonrisas que consuelen mi tristeza. 

Cayó esta tarde el sol para pintar
de pétalos de cobre mi silueta,
que te aguarda callada en el jardín
mirando a las marchitas azucenas.

Hace ya algunos meses que te fuiste...
y mi único consuelo son las letras
de las cartas que envías cada día. 

Al menos ellas calman esta espera
y el vacío de besos en mis labios,
y la necesidad de ti... eterna. 

Esta noche es más triste que ninguna.
Me pide el corazón que pronto vuelvas,
mis lágrimas anhelan tu consuelo
y reclama mi piel tu piel de seda.

Rasgaría con rosas la distancia
en esta noche fría de tormenta,
para volver la lluvia en los cristales
rocío en la mañana en primavera. 

Como la de hoy, fue aquella misma lluvia,
la misma en tu mirada azul... serena,
la misma que jugaba en nuestros cuerpos
a la luz suave y blanca de las velas. 

Esta noche es mas fría que ninguna.
Tengo las manos rotas de impaciencia
y heridas por el llanto y mis cenizas.

Hoy te he buscado bajo las estrellas,
hasta la madrugada, cuando el alba
empezó a acariciar las callejuelas
y vestía de rojo mis cabellos,
que dormían tranquilos en mis trenzas. 

Vi al cartero, al llegar a nuestra casa,
salir con su sonrisa por la verja,
y en mi pecho crecía la ilusión
mientras se iba en su negra bicicleta.

Y luego a solas busqué entre las líneas
algún día posible de tu vuelta,
y un mar de olas de sal llenó mis ojos
muriendo mi deseo en su marea. 

Quedé otra vez tan sola y abatida
como la tarde oscura y gris aquella,
de aquel día sin mes que no recuerdo,
cuando te fuiste triste por la puerta. 

Me dijo tu reflejo en el espejo
que te esperara al lado de la senda,
con el vestido blanco y gris de encaje
que me pongo al llegar todas las fiestas.

Y yo en la fría noche estoy, mi amor,
en esta noche tristemente inmensa,
a que cures mi herida de distancia...
para que salves mi alma de esta espera.

Esta noche es más noche que ninguna...
Amor mío, que noche más eterna. 

 

Este poema fue galardonado en el "Certamen de Verano de 2.002" celebrado en Villafranca de los Caballeros (Toledo-España)


 

TIEMPOS DE ROSAS TRISTES

- A mi abuela Elvira -

Una luna de plata se posó
hace ya algunos años en tu pelo,
y el mar llenó de sal y de mareas,
tu mirada, tus manos y tu pecho.
Ahora tienes la voz llena de frío
y tu risa de escarcha se ha cubierto,
tu corazón palpita lentamente
y estás por dentro llena de silencio.
Vives entre recuerdos y añoranzas,
entre días vacíos de otros tiempos:
tiempos de primavera y amapolas,
y tiempos de caricias y de besos.

Un manto de luceros, te llenó
los ojos de sollozos y desiertos
y tus labios de fresa y mariposa
se volvieron cristales sin aliento.
Tú, que siempre llevabas en la cara
estrellas y ternuras; y el reflejo
del cariño, sin penas ni tristezas,
que hoy me ahoga el alma en frío hielo.
Te has perdido en aquellos bellos años
sembrando de nostalgias estos nuevos:
tiempos de nieblas grises y azuladas,
tiempos de rosas tristes y de sueños.

Perdiste la sonrisa, se ocultó
para siempre detrás de algún febrero,
y por más que la busco en tus palabras,
o en tus ausentes versos, no la encuentro.
Y es cuando llega abril con su alegría,
con sus campos de trigo y de espliego,
cuando tú te derrumbas en tus lágrimas
y en tu corazón suenan negros truenos.
Has tenido otros tiempos: noches llenas
de otras noches y días sin tormento,
en los que te vestías de color
y no te daban miedo los espejos.

Y tu que has olvidado cómo eras,
no quieres recordarte con mis versos;
por eso te regalo mis estrofas
para recordar todos esos tiempos:
tiempos sin mariposas de penumbra
y tiempos sin marchitos sentimientos.
Para borrar de tu alma ese dolor
de vivir estos años sin sus besos,
y llenarte estos tiempos tan vacíos,
tiempos de rosas tristes y de sueños.


Tercer premio en el "XXX Certamen Antonio López Rojas", celebrado  en Montiel (Ciudad-Real):


 

UNA NOCHE DE ESTRELLAS FUGACES

Fue una noche de estrellas fugaces,
de silencios prohibidos y besos,
una noche de amor y ternura
que ni tu alma ni yo olvidaremos.

Ya dormían el día y las rosas,
nuestra luna temblaba en silencio
y despacio la luz se perdía...
se vestía el jardín de misterio.

El placer nos brillaba en los ojos,
no sentíamos frío en el cuerpo
y en tu piel y en la mía a pedazos
se caían los astros del cielo.

Se quejaba el carmín en mi boca
le dolía no estar en tu pecho,
en tus manos amantes y cálidas
que dejaban en mí tu recuerdo.

De los dos fue la noche encendida,
de los dos las caricias de fuego
que pintaban de niebla el cristal
y una dulce canción sobre el lecho.

En la tibia ventana clamaba
y batía sus alas el viento,
arrancarla quería con furia...
con la rabia rabiosa de un verso
y morder nuestra imagen prohibida,
que tan tímida desde el espejo
nos miraba callada y oculta...
era esclava de nuestro secreto.

Lentamente nacía la aurora,
despertando al jardín de su sueño
y también al lucero dormido,
que besaba la miel de tu aliento.

Vino el sol dibujando en la sábana
mariposas de cobre sin vuelo
y en el rostro nos iba dejando
una lluvia de inquietos destellos.

El abrazo sin voz deshicimos
al quedar ya la noche muy lejos
y buscando la ropa deprisa,
como en frías mañanas de invierno,
nos vestimos sin tristes miradas
con el miedo de ser descubiertos.

Esperé a que sonara la puerta
y que ya no te viera a lo lejos,
tras aquélla ventana que quiso
arrancarla en la noche aquel viento.

Y detrás de ti, fui yo bajando,
escalón a escalón en silencio
y llegando al jardín pude ver
que lo había llenado un desierto...
ya no estaban abril y las rosas, 
ni la tierra cuajada de pétalos.

Separados caminos cogimos
y quedó allí la casa en el tiempo
y la noche de estrellas fugaces
esperando otra vez nuestros besos.

Premiado en el "XIII Certamen Pan de Trigo" en La Solana (Ciudad Real)

 

 

TODO CALLA

I

Todo llora... todo.
Lloran mis manos... mis besos.
Todo siente nostalgia de ti.
Mis paredes blancas,
mi luz que no ilumina,
el eterno cobijo de mis sábanas.

Todo está hueco... vacío.
La soledad se ha hecho amiga
del viento encerrado dentro de mí.

Todo está muerto... triste.
Grita mi piel... el deseo,
y todo está vació de ti... todo.

Nada escucha... nada.
La niebla azulada
está llena de nada... nada.

Todo llora... todo.
Las azucenas de mi jardín juvenil,
la esperanza de ternura prometida,
y mi llanto... nada y todo llora.

Solo tengo un romance,
un tango de amor muerto y olvidado:
La nada llena de nada y el todo
que llora por sentirse vacío y solo.



II


Todo palpita y se encierra,
se esconde cobijado entre mis manos.
El todo furtivo y malvado.
Todo encrucijado y solo,
vacío y hueco.

Todo muere en la noche,
en mi vida opaca y lenta,
silenciosa y muerta.

Todo ríe... todo llora,
todo grita... todo calla.
Y el todo se muere,
la nada se hace dueña de mi sonrisa,
de la impaciencia de lágrimas.

No me queda nada que acariciar... nada,
solo la niebla,
el humo compacto de un beso
olvidado en mi lecho.
Todo se enciende... se apaga,
se rompe... se acaba.

Todo lo lleno... lo vierto,
llanto... agua,
fuego... sangre,
quebrado silencio en el que mi corta vida,
se calma en lloros y gritos,
en gritos y lloros.

Todo se ha muerto... nada queda vivo.



III 


Nada queda vivo,
y el todo es dueño de todo,
de mis manos huecas,
mi piel muerta.
Alma rota de triste estrella.

Cansada de falsos besos,
de caricias sueltas.
Cansada de cantos,
de las llamadas de sirenas,
de amores insospechados,
de lunas rotas... echas trizas.

Todo está sin piel... sin huesos,
sin sangre... sin pasión,
sin calor... ¡¡¡ sin fuego!!!.
Todo calma... todo llora,
llanto mío... mío,
muerto... vacío,
callado y lento,
pausado y calmado,
calmado.

Y todo lo que la nada me ha robado,
se murió entre mis dedos,
y nacerá en el olvido de los años.

 

ULTIMO ENCUENTRO

(Poema de la higuera)



En aquellos años dejé de quererte,
de esperarte despierta tras los altos muros de niebla.
Aguardaba tranquila y pausada,
sentada en mi fiel butaca de madera.
Y al captar tu perfume cerraba los ojos,
recordaba y maldecía tu nombre... tu silueta.

Te cerraste tan hondo en la tristeza,
que no desdibujaba tu mente ni por un instante
que era de mi en esos momentos.
Y yo, tan triste como tú,
sentada eternamente en mi butaca de madera,
solo añoraba nuestro pasado.

¿Qué más te daba saber 
de mi insomnio durante largas noches
de tu ausencia?
¿Qué más te daba?
Sabías que mi piel canela,
y mis ojos de niña inquieta
seguían allí, a la sombra
de la higuera,
fiel guardiana de tu casa y de tu compañera.

Pero la nostalgia... vaga niebla que mata,
la soledad amante de mi cuerpo
y las múltiples formas en las que se presentaba el vacío
acabó por echarme de mi rincón claustral.
Me echaron, si, me mandaron compasivamente
a los brazos de la higuera,
debajo de una fuerte rama... seca,
que enlazaba encendida sus besos alrededor de mi cuello,
infiel caricia que me enardecía de miedo... temía tu vuelta.

Besos y caricias a mi cuello abandonado.
Y volvió de nuevo a entrecortarse mi respiración,
a jadear hasta quedarme sin aliento,
quedando únicamente de ese encuentro mortal,
un cuerpo menudo y blanco
abrazado a su rama... a su último amante.

Y triste volviste... nada hallaste en el rincón sombrío
de la butaca de madera... nada.
Y buscaste mis manos... tus queridas piernas de frambuesa,
el pelo revuelto en la almohada
o un rostro manchado de harina... nada encontraste.

Y cabizbajo te sentaste en mis horas largas de espera,
acariciando los segundos de angustia... de pena,
de añoranzas y recuerdos.
Al amanecer despertando de tu letargo,
creíste soñar un columpio lleno de sonrisas... silenciosas,
tan calladas que solo el sonido del viento
mecía la copa de la higuera.

Nuestro último encuentro se vació en una lágrima... amarga,
de tu mirada,
y una sonrisa marchita... llena,
en mi rostro de niña inquieta.

 

 


EL OLVIDO SE ACORDÓ DE NOSOTROS

Se ha acordado de nosotros el olvido
y tu no te das cuenta...
tengo ausencia de besos 
y tu no te percatas de ello.
El amor cierra mis párpados... ya no te veo.

Y cae la noche...
en la oscuridad te recuerdo
y ya no distingo tus formas.
Te atraigo a mi mente... sólo eres una silueta
que se va quedando cada vez más transparente...
ya no te veo.

Y amanece despacio...
Me siento tan triste por dejar de quererte,
que mis lágrimas no se escuchan... no las oyes.
Caen despacio... silenciosas,
pero siempre pacíficas... ya no me ves.

Atardece...
en el crepúsculo de mis manos,
las que mueren desnudas,
se perciben los meses de añoranza de besos,
de un simple te quiero...
pero tus palabras se han quedado mudas,
moribundas... ya no te siento.

Día de invierno...
Poco a poco, me apago por dentro
suspiro a suspiro...
que triste es, amor,
ver como se apaga la vela...
me apago, amor.

Y un moribundo,
el árbol más hueco, se ha derruido...
la carcoma... el tiempo rutinario,
lo han matado.
Un día fue vivo... enorme,
sediento de vida... apasionado,
en silencio amaba al sol,
y en la noche,
bendecía al viento al acariciar sus ramas
en un acto sublime... ínfimo,
y amaba a la lluvia que alimentaba sus raíces,
y la savia se agolpaba cada vez con más fuerza
en las yemas incipientes.

Y cayó el otoño...
deshojado, el árbol moría callado,
sin decir nada...
lentamente se retraía
y, cada nueva noche,
dejaba de querer un poco al viento y a la lluvia.

Y, amor mío,
la última noche de marzo
cayó al suelo derrumbado.
Tú, como siempre, no sentiste nada.
Con el sonar de la fría lluvia en el tejado,
deje de quererte
callando mi adiós...
y las lágrimas corpóreas,
andaban descalzas por última vez sobre tu cuerpo.

¡Oh, amor, que triste y sola
me siento al morir en penumbra
con la esencia de tu recuerdo!



 

CINCO DE MAYO


Cinco de mayo 
y yo te escribo un poema.
Trato de escuchar en silencio
como sería tu voz...
ya no la recuerdo.
Son tantos los días y los meses,
que he permanecido alejada de tu lado.
Tantos, que quiero recordar tu rostro...
pero te desdibujas lentamente.
Quiero sentir tu aroma,
a jazmines del parque de al lado,
pero se desvanece entre mis dedos.
¡Ah, que lástima... es ya tan difuso ese amor!
Hoy hace un año y ha pasado el amor
y también el tiempo.
y nosotros hemos cambiado tanto
que nos hemos perdido para siempre en el recuerdo,
en la triste serenata
que acompañaba a tu mirada tierna.
Y hoy cinco de mayo te recuerdo
para morir de madrugada como tu beso.

 

ELEGÍA A TU RECUERDO

A mi abuela 

Has dejado tu casa tan vacía,
tan llena de silencios y tan sola,
que todos los rincones te recuerdan
y cada habitación, sin ti, está rota.

De cada pared nacen llantos blancos,
brotan suspiros tristes de las rosas
y de cada eco mudo, que aún queda,
de la tierna sonrisa de tu boca.

Sobre el tejado cae cada día,
como siempre la tarde... y tu sombra.
Aún en el recuerdo te paseas
entre lilas, geranios y amapolas.

Has dejado tu patio sin colores,
has dejado sin nadie a tu alcoba,
dónde aún en el lecho, por si vuelves,
te aguardan tus secretos y tu ropa.

La luna abre tus puertas para verte
y para hablar contigo el sol se asoma,
y mi voz de poeta te reclama
para que oigas sus últimas estrofas.

Y es que en el corazón tengo tu ausencia,
y este poema triste se me ahoga
en todos los recuerdos que me quedan...
de todas tus palabras largas y hondas.

Hoy recojo las últimas sonrisas
que dejaste a la orilla de las rosas,
y los últimos besos que me diste,
besos, hoy fríos... llenos de congoja.

¡Cómo te echo de menos... tanto, tanto!
¡Como te llora mi alma silenciosa
sobre las blancas letras de mis versos,
dónde otra vez mi pluma amarga mora!

Y a la muerte no puedo perdonar,
que pintara sus más negras palomas
volando en tu interior... y su aleteo,
me ha dejado un vacío que me asola.


Accésit en el III Certamen Regional de Santo Tomás de Villanueva (Ciudad Real) celebrado el 25-6-03

 


TE HICISTE DE SILENCIO

I

Como duele la tarde y tu recuerdo
en este triste invierno solitario,
te hiciste de silencio... y en mi diario
te escribo amor sintiendo que te pierdo.

En mí te hiciste ausencia... y no me acuerdo
de olvidarte, si nuestro aniversario
llega sin avisar al calendario,
y con él, el dolor de tu recuerdo.

Por eso, cada tarde me maldigo,
y maldigo a mi boca por llamarte
y a mi alma por querer estar contigo.

Porque se hace condena el esperarte
cuando es tu corazón el enemigo
desde ese día que empecé a amarte.




II

Fue aquel, un día azul de primavera,
azul como tus ojos y tu risa,
azul como aquel mar de suave brisa
que a los dos nos mecía en su ribera.

Y allí, en la soledad de una palmera,
mientras que nos mirábamos sin prisa,
un beso se prendía en tu camisa
y en mí tu piel como una enredadera.

Pero duró lo mismo que una flor,
sólo una noche... sólo aquella luna
que encendida envidiaba tanto amor.

Tanto amor, que no tuvo la fortuna
ni la dicha que halló nuestro dolor...
murió al nacer sin esperanza alguna.




III

Desde entonces te sueño al despertar,
y te busco en la gélida mañana
cuando viene a posarse en mi ventana
tu ausencia y el recuerdo azul del mar.

Ahora sin ti es difícil respirar,
y se hace interminable la semana
sin escuchar tu voz... ya tan lejana,
tan distante de mi alma y de mi hogar.

Y hoy te escribo estas letras silenciosas
para decirte adiós... pero aún así,
como miles pequeñas mariposas

acudirán las lágrimas a mí,
recordándome todas esas cosas
que sonreír me hicieron junto a ti.


Premiado en el "XIV Certamen Pan de Trigo" en La Solana (Ciudad Real) 

 

BRINDAR  - A Nuestros Amigos-


¡Brindar... brindar es eso:
estrellar nuevos sueños cristalinos;
darle a la copa un beso,
para que en los caminos
de la vida nos unan nuevos vinos!
¡Cantad, cantad al son
de viejas y nacientes alegrías!
¡Y entonad la canción
que llene nuestros días
de antiguas y futuras melodías!
¡Llenad, llenad mi copa
con el licor que ciega mi sentido..!
¡En mis venas galopa
el corcel encendido
que marca con sus cascos mi latido!
Alzad en vuestra mano
esa copa de sueño en donde anida
mi deseo de hermano:
¡Que sea esta noche ida
la peor que nos queda en nuestra vida!



Mis queridos amigos,
os he reunido en esta noche nueva
para ser los testigos
de que el tiempo se lleva
el vino que esta noche no se beba:
Sabed que un cencibel,
aunque este sea demasiado añejo,
es dulce cual la miel,
y no muere de viejo
si se mantiene terso en su pellejo.
Ni en botas, ni en toneles...
En nosotros aguanta el vino el doble
que guardado en pieles
o dentro de algún roble,
aunque sea el más joven y el más noble.
Esta copa de sueño,
llenémosla otra vez de esa bebida
y pongámosle empeño:
¡Que sea esta noche ida
la peor que nos queda en nuestra vida!



De nuevo nos reunimos,
al igual que lo hiciéramos antaño,
como se unen los racimos
en septiembre cada año,
bajo un cielo de perlas y de estaño.
Y una noche cualquiera
volverán a brillar esos luceros:
Otra vez en la hoguera
volviendo a nuestros fueros
entonaremos viejos cancioneros.
Será nuestra amistad
la que nos una en torno de esta lumbre:
y por eso brindad...
brindad, que es la costumbre,
y levantad la copa hasta la cumbre.
Aunque esta fuera buena,
noche mejor vendrá que la vencida.
Alzad la copa llena:
¡Que sea esta noche ida
la peor que nos queda en nuestra vida!

Escrito por Diana Rodrigo Ruiz y David de la Sierra-Llamazares Cejuela

2ºAccesit Certamen de Verano 2003 en Villafranca de los Caballeros (Toledo)

 

 

ÚLTIMA ELEGÍA

(Del libro-cd "La Voz de los Jóvenes")

Como la noche oscura,
es la muerte... tan triste...
Hoy vino a visitarme como paloma negra,
y ha sembrado de nuevo en mi corazón
una pena profunda y silenciosa. 

Sobre la blanca nieve, como muchas otras veces,
he llorado mis letras... y mis versos,
la he cubierto de aquellas esperanzas,
que ya están marchitas...
que ya no tengo en mí.
Y mi pluma le ha escrito
todas esas palabras,
de inviernos y de lluvias incesantes,
que en mi alma se ocultaban abatidas.

Por que la muerte... cada vez que llega
y me mira a los ojos,
con su mirada inerte,
siento como mis manos se vuelven niebla gris;
y cada vez que escucho sus suspiros
de ausencia y soledad,
mi voz con su vacío se oscurece
y mis labios se quedan sin aliento.

Y cuando se ha marchado,
el amargo sabor del recuerdo me deja,
la impotencia clavándose en mi piel
y la certeza triste de que volverá a mí...
a mi encuentro de nuevo.

DE TIERRA, DE MAR Y DE AIRE



Desde esta tierra que abre mi garganta
a palabra desnuda escribo siempre,
porque soy tierra...
                                y mar,
                                                 y también aire.

Mis labios, son de arena ardiente y roja,
que palpitantes buscan sin dar tregua
al tiempo y a la vida.
                                Y mi piel...
arcilla dividida en el delirio,
se rasga apasionada en la caricia.

Porque este cuerpo a veces se hace extraño,
y es de tierra,
                                y de mar,
                                                 y también de aire.

Mi cabello,
                                es la espuma de la ola
que se agita temblando en la tormenta;
y en la almohada,
                                descansa silencioso
después de la batalla con la lluvia.

Entonces llega el sueño, y la noche,
dibujando su cauce melancólico
de sombras tras mi sien.
                                Desde allí, parte
un arroyo nocturno lentamente...
que desliza su tacto por mi espalda,
y se pierde... 
                                se pierde entre lo oscuro.

Porque a veces mi cuerpo se derrama,
se vuelve tierra,
                               y mar,
                                                y también aire.

Mis brazos,
                               son de brisa tras la calma...
y ondean presintiendo la ternura,
se estremecen,
                                se agitan en anhelo...
y en las manos me nace un remolino
de impaciencias,
                                de prisa y de locura.

Y si encuentran destino no hay naufragio...
si hallan respuesta,
                                muere la quietud
de este cuerpo convulso y tembloroso,
que se convierte en trueno y vendaval.

Porque este cuerpo a veces se hace extraño...
porque a veces mi cuerpo se derrama
y se hace tierra...
                               y mar,
                                                 y también aire.

Tercer Premio en el XIII Certamen de Poesía Juvenil Miguel Hernández,

de Daya Nueva (Alicante), en Abril de 2004