Día de la Madre, 5 de Mayo de 2.002

 

Amor de Madre

 

1.912 - 1.913
Óleo sobre lienzo, 204x160,5 cm.
Firmado: "Muñoz Degraín"

 

 

No es mi intención resultar dramática en un día como el de hoy, en el que debe primar la alegría, pero verán, es que este lienzo siempre me ha impresionado. Cada vez que lo veo quedo sobrecogida por su fuerza, su realismo desesperado y sin contemplaciones. No importa que tus ojos traten de recorrerlo, interesándose por detalles, como los árboles florecidos, que nos hacen pensar en un "antes" primaveral y acogedor, o en el mar de aguas embarradas y turbias, ocultando bajo su locura, los campos antes labrados y fértiles, o las barracas, de las que ya tan sólo se ven los tejados y que dan una idea de hasta donde han crecido las aguas... La mirada siempre vuelve al centro del cuadro, atraída como por un imán, hacia el verdadero drama de la imagen; una madre que, ya casi ahogada por el torbellino de la riada y en un último y desesperado intento, trata de salvar la vida de su pequeño e indefenso bebé.

La maternidad hace que la mujer, se desprenda de cualquier instinto primario que pueda existir en el ser humano. El instinto de supervivencia queda anulado o quizá podríamos decir transferido, cuando se trata de proteger a los hijos, de alimentarlos y enseñarles a caminar por la vida.

El vínculo entre madre e hijo es básico para que cualquier ser humano aprenda a desenvolverse en su entorno. Ellas son las primeras en enseñar las lecciones que nos permitirán aceptar a los demás y ser aceptados por ellos. Con su ejemplo asimilamos la necesidad de ser cariñosos, tolerantes, compasivos. Y a tal punto es así, que cuando este vínculo no existe, su carencia puede dejar eternas secuelas en las personas, frustraciones e incapacidades emocionales, que las mantendrán en un eterno conflicto con sus semejantes.

Cuando lleguemos en su día a felicitarlas, recordemos los años que nos han dedicado, las noches en vela por nuestras enfermedades o salidas nocturnas de adolescentes. El consuelo prodigado durante el llanto por una caida o un desengaño, los esfuerzos por ahorrar, para podernos comprar aquello que nos hacía tanta ilusión, la sonrisa feliz y el brillo de sus ojos cuando nos ven entrar en casa, el eterno perdón de su corazón, ante cualquiera de nuestros malhumores, que a menudo, hemos pagado con ellas... Y digámosles cuanto apreciamos sus esfuerzos y cuanto las queremos. Seguramente, este será el mejor regalo que reciban en su día.

 

 

 

 

Poema de hija, versos de madre

Nude Baby Reaching for an Apple

 

Cuando recuerdo mi infancia
me vienen al pensamiento
horas de paz y armonía,
de inocentes juegos y cuentos
y un sol que alumbró los días
de mi pequeño universo.

Y también en mis recuerdos
se encuentran, entre ternura,
unas manos, que abnegadas
me ayudaban con dulzura.
Y unas faldas que me arropaban
cuando lloraba o sufría.
Y unos labios que me aliviaban
cuando mi frente ardía.

Y recuerdo aquellos ojos
que nos miraban con celo
viéndonos crecer sin enojos
y acumulando desvelos.

Ahora que yo ya entiendo
lo que mi madre vivió
me creo ingrata y lamento
de mi pecho los olvidos;
todo aquel cariño ciego
sus esfuerzos y perdones
y todas las frustraciones
que en mi cuidado ignoró.

Que nunca me falte su nombre
en los rincones del alma,
pues que a su lado aprendí
que cuando un hijo te llama
lo demás no importa nada.

1893

Óleo sobre lienzo. Museo de Bellas Artes de Richmond. Richmond. Virginia. USA.

Autor: Mary Cassatt

El baúl de los RecuerdosRegalo Julián López