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TRAS EL CRISTAL DE LA VENTANA

Premio "Tahona", del XII Certamen "Pan de Trigo", celebrado  el pasado año 2.001, en La Solana (Ciudad Real)

 

-A Ana-



Mis lágrimas han roto los cristales
que afuera están cayendo desde el cielo
y están formando letras en el suelo
donde puedo leer tus iniciales.

Aquí todos los días son iguales:
la misma alondra emprende el mismo vuelo.
¿Está mi corazón hundido en hielo,
o acaso está entre espinas de rosales?

Ahora es mi ventana una frontera.
Al otro lado tú me estás mirando
y, aunque te veo, sé que no estás fuera.

Me acerco y tú te vas evaporando:
sueño, ilusión, reflejo, luz, quimera...
te volveré a tener... más no sé cuando.

I I

La lluvia que me llueve es un letargo
que a mi pecho se aferra cada día
y deja en mis oídos melodía
del profundo silencio que yo cargo.

Que breve es el silencio y, sin embargo,
cuanto dolor me causa todavía:
donde estaba tu voz está la mía
haciéndome el silencio más amargo.

Y creo ver tu sombra dibujada...
tus labios transparentes y vacíos,
tus ojos y tus manos no son nada.

Que duros son tus labios... y que fríos.
Me duele ver mi mano reflejada
y saber que tus ojos son los míos.

I I I

Allí, tras el cristal de la ventana
tan solo están mis ojos reflejados.
Y yo me encuentro solo, a los dos lados,
y nunca te he sentido tan lejana.

El ayer es la sombra del mañana
y en futuro camina entre pasados...
por eso, los amores olvidados
renacen de una herida que no sana.

Y tengo el corazón aún herido...
y lucho por curarlo y no lo curo:
Ya no sé si está muerto o está dormido.

A mi herida vendrán en un futuro
el miedo y el dolor a hacer su nido...
en el lugar más hondo y más oscuro.

 

Premio "Tahona", del XII Certamen "Pan de Trigo", celebrado  el pasado año 2.001, en La Solana (Ciudad Real)

 

 

NAVEGAR EN TUS OJOS

1er. premio en el Certamen Literario "Villa de Membrilla"
Membrilla (Ciudad Real) - Noviembre 2002

      -A Diana-

A veces me he perdido navegando en tu seno.
Mar en calma, sereno, pacífico y dormido.
El sueño en ti se llena... mi sueño en ti está lleno.

Mi barco se ha perdido donde el mar ya no suena...
donde el amor quería que olvidaras tu ruido;
donde a tu voz cansada, vencida por el día,
el débil viento le hizo romper contra la nada;
donde olvidó la luna deshacer el hechizo.

Mar en calma... horizonte con olas de laguna...
tu voz suave me llama... me busca, o en el monte,
o en el acantilado, o en un sueño en mi cama...
Gritan tus labios secos mi nombre, y a mi lado
escucho tu latido como una voz entre ecos.

Cuando la noche llega tus ojos se han perdido...
por buscar el sosiego que mi canción les niega...
en un lugar a donde con mi llanto no llego
a tu alma, y tu mirada desvanece, y se esconde
como el sol que atardece perdiéndose en la nada.

Mar en calma... la sombra de la luna se mece,
temblorosa, en tu fondo... con voz de luz me nombra,
y al acabar las tardes me llama a lo más hondo,
donde tu cuerpo pide mi cuerpo, mientras ardes.

Y tu silencio acaba porque nada te impide
que me arañes el pecho, como la ardiente lava
surca, lenta, la tierra. Descansas en el lecho
después de la batalla... tu mirada se cierra,
tus ojos anochecen y tu boca se calla
cerrándome ese cielo de estrellas que perecen.

A veces me he perdido navegando en tu pelo...
a veces, en mis hombros, te derrumbas sin ruido
y tu cabello oscuro, como noches de escombros
y ruinas derrotadas, como algún viejo muro
de algún viejo palacio de un viejo cuento de hadas,
tapizado de hiedra, sucumbe muy despacio
hundido por el sueño... cayendo piedra a piedra.

Así, la noche quiere ser otra vez tu dueño:
cada tarde te roba de mi lado, y me hiere
con tu ausencia de mar en calma... y yo, en mi alcoba,
quisiera despertarte... o, al menos, navegar
en tus aguas oscuras de sueño... para amarte.

Se deshace la noche disuelta en las locuras
de besos y caricias... en lascivo derroche
de gritos y pecados, mordiscos y malicias
de mi boca y la tuya. Y, entre paños rasgados
y arañazos prohibidos, dejamos que nos fluya
por el cuerpo el amor y el placer contenidos.

Mar en calma... y ahora que está ausente el dolor,
dime: ¿Cuándo despiertes retornaras a la hora
de mi encuentro fugaz... entre estas rejas fuertes
de mi celda vacía, donde no encuentro paz
sin tu mano trenzando los dedos con la mía?

En tu espalda también me perdí navegando
alguna vez. Quería buscar, al menos, cíen
maneras de quererte, mientras tu alma dormía
en mi puerto, al abrigo de la noche y la muerte,
resguardada en mis brazos de cualquier enemigo.

Y sin tu luz, intento coser estos retazos
de mi corazón, unos con otros... mientras siento
vacío de tus besos... de tus inoportunos
labios... porque tu ausencia me trae recuerdos... esos...
los de tu voz. Y todo calla... todo silencia.

Por las mañanas miro las cosas de otro modo:
te oigo como las olas; como un tornado, giro
en torno a ti, buscando tiempo perdido; a solas,
como el mar, todo lo haces pequeño... como cuando
la tormenta bosteza y, como las rapaces,
traga barcos ¡Antojos de la naturaleza!

A veces me he perdido navegando en tus ojos.
Veo como la danza del sueño te ha vencido...
y tu mirada, que antes clavabas como lanza
de pasión en la mía, parece, por instantes,
desvanecerse... lejos... igual que cada día
la nube de la tarde se lleva a los vencejos.

Mar en calma, mar... mientras esta noche, en su alarde
de negros y destellos también me vence, tú entras
en mis sueños besándome... con tu voz, tus cabellos
tus senos y tu espalda. Tus ojos, regalándome
el brillo de un topacio, de una verde esmeralda,
alumbran el camino que recorro despacio
cuando el alba escarlata vierte al cielo su vino.

Si tu voz es mi vida, tu silencio me mata.
¿Por qué entonces me gusta tanto verte dormida?
¿Por qué nunca me hiere? ¿Por qué sólo me asusta
la noche cuando estamos lejos? ¿Por qué se muere
mi cuerpo, si marchita, como lo hacen los ramos
de flores, con el alma latiendo, y resucita
con tu voz cada nuevo día... ¡Oh, mar en calma...!

Y te llevo en mi boca... y en mis manos te llevo...
y, como cualquier río de besos desemboca
en tu cuerpo, me pierdo subido a un beso mío
navegando en mi mente... buscando tu recuerdo.

Y por eso en tus sueños, en los que estás ausente
y a la vez a mi lado, se me hacen tan pequeños
esos dulces momentos en los que me he quedado
esperando a que el mar de tus ojos de cuentos
de hadas, se abra sin ruido. Y así, a tu despertar,
yo, con los míos rojos por no haberme dormido,
a veces me he perdido navegando en tus ojos.


QUIZÁS, CUANDO ME MARCHE...

- Homenaje a José Ángel Buesa -

3er premio de la Federación de Casas de Andalucía en Madrid. Junio del 2002


Quizás un día sea como un libro perdido
de aquellos que se tiran sin haberlos leído.

O de aquellos que estorban en los muebles desiertos
y que a veces se queman sin haber sido abiertos.

Quizás también, un día, seré ese cuadro sin marco
o seré aquella sombra que se aleja en un barco.

Sí... a mi barco, algún día, soltarán las amarras
y manos de un amigo tocaran mis guitarras.

Quizás... quizás de noche se me rompan las velas
cuando una mujer llore, leyendo mis esquelas.

Quizás seré la hoguera de una foto hecha trizas
y el viento del olvido soplará mis cenizas.

Quizás caiga del árbol como la hoja dorada
y se muera en silencio mi voz enamorada.

O, una mañana, nadie notará que me he ido.
porque cerré la puerta sin querer hacer ruido.

Seré quizás la nube que arrastran los vencejos
y miraré la vida poco a poco más lejos

O quizás seré tierra de ese jardín de atrás
y volveré a jugar con los niños... quizás.