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Índice

       

 

  Dany

De todos los pecados

El último de mis versos

Llevo la marca de las nubes

Es como un incólume invernadero

El amor de los abuelos

Sonetos para la vida

Buscando en mis tejidos

En tu cuerpo el sacrilegio

Si aún no me conoces... mírame a los ojos

En cada pensamiento una rosa en tu almohada

Porque amigo es... ese destello incandescente

 

 

 

 

   

De todos los pecados. 

De todos los pecados uno solo me redime
aquel que conjuramos esa tarde sin desvelo
cuan una encrucijada de palabras que te exime
de un castigo eterno en lo máximo del cielo.

Quisiera abrazar esos sueños de insolencia
en frases conjugadas con verbos inconclusos
sabiendo que tu voz me llena de presencias
porque alguien lo creó y así es que lo dispuso.

Y en cada anochecer, en cada firmamento
donde el sol mezcla su quietud incandescente
sabremos que los dos tuvimos sentimientos
y ya no queda nada de vida...simplemente. 

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El último de mis versos. 

Mis labios consumen el último cigarrillo
en esta mesa de café con mis fantasmas
aquellas nieblas que hoy me dan su brillo
en cada paso de arrabales y de infamias.

Mi boca sabe que jamás te encontraría
donde hube de dejarte con prisa de ermitaño
caminando senderos hurgando en lozanías
lejos de ti y tan cerca de tus años.

Y en cada rincón de mi piel tu testamento
dejándome la herencia mas dulce y esperada
tu perfume de mujer, única y lamento
que todo siga igual, que todo terminara.

Casi al descontento imperial y avasallante
de algún recóndito lugar que te esfumara
podría yo decirte que pienso a cada instante
lo mucho que te amé, lo poco que callaras.

Y he esperado tanto esta postrera bocanada
que el mar de tus silencios cayó en mis universos
cual una fugaz estrella clavose en las miradas
sabiendo que este era el último de mis versos.

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Llevo la marca de las nubes que a su paso
rocían de pureza el palpitar de las ideas
en ocasiones de volver a tenerlas por si acaso
la mordaza de las freses regresan y se quedan.
Intuyo y acaparo las menciones de otros seres
que me dicen no saber de libertades obstruidas
parecen tan extraños sus distintos pareceres
que vaga mi inquietud cuando indago hipocresías.
Escapo de las sombras de un pasado tormentoso
y recorro las secuelas que aún me están permitidas
por sobre todas las cosas me acuerdo de sus ojos
de la forma en que miraban sus inmensas pupilas.
Y acaso si me dieran la oportunidad inusitada
de volver a creer en los albores de una idea
vería la pasión en cada una de sus miradas
renacer desde esos sitios que aún huelen a quimeras

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Es como un incólume invernadero,
allí suelen despejarse
algunas ideas de puras alucinaciones,
fríos que duelen,
dolores que llegan muy dentro,
el rodear de vistas precisas
las pocas inquietudes
y llegar a pensar en la nada
como nada, sin tiempo
ni memoria,
nos salvan los duendes,
esos pequeños grumetes
de un barco que a la deriva
depende de ellos,
mis duendes son, los salvadores
de mi alma
sin historias, sin 
vagancias. ellos
y la noche, escondidos en 
los recónditos placeres
de algún lucero escapado de un cuento 
de Salgari,
imágenes empapadas en sueños
truncos, en papeles gastados
de escrituras viejas y aquel poema,
el primero, ese que te deslumbró
cuando la brisa de aquella noche
cubría el cuerpo tibio
de una mágica noche de misterios.

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El amor de los abuelos.


Antología de un amor contemporáneo y dichoso
vínculos procaces, entre celos y armonías,
y a cada entredicho el fino orgullo caprichoso
de andar bien descalzos sobre el césped en el día.
Bellos paisajes que asoman como imponentes
ante la mirada franca de la pareja entera,
sin el oscilar del péndulo atraviesa transparente
los ciclos de la vida posándose en primaveras.
Antología de un amor que nació para morir juntos
tomados de la mano, yendo de prisa a la escuela
que siguió en la juventud y adultez de lo profundo
y con canas en el cielo parece esa vez primera. 

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Sonetos para la vida

Hubiere querido sentir la magia del viento
cuando el palpitar concreto me vistiese de ternura
en aquellas fronteras cuyos límites atentos
me marcaban la senda entre la razón y la locura. 
Hubiere añorado el amor que quien lo profesa
merece el respeto del humano inquebrantable
sobre todo en una boca que a su galanura regresa
trayendo los besos de una mujer inigualable.
Hubiere pensado que la vida y sus sonetos
son simples mareas que equilibran instrumentos
de precisión estable con un sentido perpetuo
que pegan en mi rostro con la magia de sus vientos.

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Buscando en mis tejidos.

Donde mis tejidos alcanzan a exhumar viejas deudas
parece que las sombras de sus créditos envejecen
cual plumas que recorren las páginas que riegan
los libros ya vetustos de ideas que enaltecen.
Donde ellos me llevan a través de los confines
de marchas fugaces que aceleran mis latidos
siento la penumbra que cubre esos jardines
donde ayer fueron verdes crepúsculos altivos.
Y a cada roce de mi sangre por sus poros incipientes
la bruma del pasado que acomete día a día,
mostrándome los pocos augurios que ya no sienten
los tejidos de este humano que sueñan...todavía. 

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En tu cuerpo el sacrilegio, sutil, emocionante
el vestigio puro de la pureza mas infinita
los íconos sedosos que al sentirte en un instante
se me nubla el alma y espera que la derritas.

En tu cuerpo mis manos, bordeando la espesura
que a tientas y en lo oscuro todo desvanece
el recorrer la piel, tibia que aún murmura
los versos que te digo y que a nada se parece.

En tu cuerpo mi codicia y mis celos alucinantes
el sueño de lo eterno y la magia sin medida
en tu cuerpo solo yo, mi ser y mis instantes
que te dejan todo aquello que ansiamos en la vida. 

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Si aún no me conoces...mírame a los ojos
di si sus pupilas no se llenan a tu recodo
y en ese instante, de magia y de antojos
verás mi alma entera a solas y de cualquier modo. 

Si aún no me conoces...enséñame el camino,
del mandamiento sabio y sus fueros persuasivos
mantén en mi distancia los hilos del destino
que evalúen por cierto, semejanzas de estar vivo.

Si aún no me conoces...entonces dime cuando
será el día nuestro de volcar las sensaciones,
alivio de esa noche que habrá esperado tanto
los besos que debemos de tantas estaciones. 

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En cada pensamiento una rosa en tu almohada
con la fragancia etérea de mis besos sin paciencia
con el apuro del amor y la calma de una mirada
envuelta en silencios que merecen ser presencia.

Y con la cierta frescura de un derrame de sutilezas
la marcada inquietud de vigilias mal dormidas
teniéndote despierta entre todas mis rarezas
queriéndote dormir cuando te venza la agonía.

Perfume de mis rosas que a tus manos son rosarios
inmersos en antiguas razones de mis noches
volviéndote a amar cuando despunten los varios
luceros que a lo oscuro padecen tus derroches. 

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Porque amigo es...ese destello incandescente
la grandeza del habla y el silencio inmaculado
las pocas razones de un abrazo permanente
el mirarse despacio cual una gota lo haya rociado.

Porque amigo es...bendecir las secuelas indecisas
atraer el perdón sin haberse condenado
rodear de sensaciones y de miradas precisas
la tarde de un domingo con el semblante de un mago.

Porque amigo es...no dormirse en el ostracismo
de buscar la pasión donde no la has encontrado
porque amigo es...mirarse uno así mismo
y encontrarse con el otro sin mirar el otro lado.

 

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